sábado, 6 de julio de 2013

Catarsis: Primer Proceso


Desprenderse de cosas, de recuerdos, rencontrarse, confiar, quemar el libro y avanzar, empezar de cero, aferrarse a sí mismo, creer, cambiar porque se quiere y porque se puede; algo así como quererse un poco más.

Curarse las heridas, un par de suturas gratis para el alma, exponerla a cuentas cirugías sean necesarias con tal de armar el rompecabezas. Respirar, respirar fuerte, respirar aires vírgenes, que el pecho se ensanche hasta más no poder; desarmarse, reordenarse, reinventarse y ser todo aquello que se desee.

Repetir las misma canción por horas, disfrutar del césped, ser acariciado por el sol, ser uno, ser vida, sentir como plumas las penas que abrumaban nuestro andar, dejarse ser, hacer catarsis; gritar, ¡Maldita sea! gritar tan fuerte como desgarrando aquello que nos jode, botarlo todo.

Perdonarse, porque si es posible, dejar de ser nuestro propio verdugo para ser nuestra segunda oportunidad y la tercera y la cuarta y la quinta y así, hasta que se apaguen los latidos; perdonar, reprimir todo aquello que nos dañe, amarse entero, completo, imperfecto, desajustado y chueco, amarse hasta creérselo, asumir riesgos, equivocarse y volver a empezar.

Sanar heridas, limpiar cimientos, abrir ventanas, leerse a sí mismo con emoción y desenfreno, encontrar lo escrito entre las líneas. Devolverse todo aquello que se arrebató por años, arrancar las cadenas del cuello y hablar, hablar, y hablar porque se lo debe a sí mismo, porque me lo debía a mí misma.

Abandonar los miedos, apartar temores pendejos, aferrarse a las ganas, explorar, conocer, conocerse, hacerse espacio dentro del mundo, escuchar cada cosa que tenga por decirse, desempolvar lámparas, ser su propia luz, vaciarse los bolsillos de desalientos e iras, recoger suspiros y unirlos a esperanzas, retomar la voluntad y despertar del letargo absurdo en el que se estaba, las cosas solo suceden si se hace algo para que ello pase.

Sentirse así, tan vulnerable, tan abierto, tan tranquilo, tan libre y sonreír, sonreír como estúpido, así como quien se encontró a sí mismo, curvar los labios y enaltecer el rostro, borrar los ceños fruncidos. Dejar el corazón andar, golpear el pecho con suavidad, con certeza de vida, conseguir dolores de estómago a base de despampanantes carcajadas, borrarse y pintarse otra vez.

Conseguir orgasmos, amores reales, amigos, pero los de verdad, conseguir vértigos, experiencias, caricias, dejar arder nuevamente el brillo que fue opacado en los ojos, mucho pegamento para reconstruirse las alas, que el corazón golpee con furia el pecho al sentir ciertas presencias, temblar de emoción, llorar con ganas, rescribir sueños, besos, cuidar el cuerpo, proteger el alma, reorganizar los ideales y seguirlos porque se quiere, SER, correr, bailar hasta que duelan las piernas y un poco más, transpirar, comprobar una y otra vez que se sigue vivo; amar, amar en serio, como quien ya no tiene nada qué perder, como quien ya nada espera, con amores naturales, amores reales, de años o de segundos.

Ser un poco más “feliz”, si Feliz, permitirse a sí mismo la posibilidad de salir del fango, cambiar de camino cuantas veces sea necesario y serse completamente fiel.

Y así repetir el proceso hasta hacerlo real, natural y propio.


Yo, María Fernanda Ríos Me perdono. ¿Y Usted?


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