domingo, 14 de julio de 2013

De las cartas y otros demonios. HASTA PRONTO.

De repente está ahí, tan lejos de mí, generando brechas interminables entre su ser y el mío.

Obligando a desacostumbrarme a su presencia, al refugio que no hace mucho supieron darme sus palabras, a las descargas eléctricas producidas por cada uno de sus contactos, a las sonrisas, a esos sueños tan suyos, tan míos… a sus manos deslizándose por mí cuerpo, al calor emanado por sus poros, a sus demonios, a la particular forma en la que se deja ser, a como lucha y es absurdamente fuerte, así sin ataduras aparte a las de sus propios ideales… a eso que era, a eso que me hizo ser.

Se aleja y me quedo aquí abstraído en melancolías, paralizado e impotente porque ha sido ella quien ha decido irse.

¨Ha llegado mi tiempo de partir, de recuperar mi centro. Me estoy perdiendo y necesito encontrarme, lejos de todo, de todos y eso te incluye, debo vivir mi ahora, bien sabes que no creo en eso que dicen que viene después. Para mi mala suerte o no, yo no he nacido para quedarme en un lugar a esperar a que las cosas pasen y esta idea que tengo de la vida no me permite pertenecerle a nadie ¨  

Eso fue lo último que dijo antes de besar mi mejilla y cruzar la puerta que creó un abismo casi eterno entre lo que fuimos y lo que viene después.

¨Me estoy perdiendo¨ Sus palabras me taladran la cabeza desde el día en el que la vi por última vez. Cada noche  como tradición sagrada me siento en el mismo balcón en el que solíamos estar en todos sus periodos de insomnio, curiosamente ahora soy yo quien no duerme desde que no está, pueden llamarle masoquismo.

Ahora espero los amaneceres postrado en el mismo lugar en el que aún perdura su aroma y doy vida a los recuerdos que un día fueron en la soledad de mis noches, embriagándome en nostalgias y bebidas amargas.

Si bien era cierto; siempre supe que ella no era mujer cualquiera, ella era especial, insoldable, taciturna, completa y absolutamente jodida, ella era mi más esplendoroso infierno, como pasatiempo ella tomaba a las personas y desarmaba sus prejuicios, uno por uno, con calma hasta que el individuo mismo acariciara su error, sabía incluso que ella no se permitía ser de nadie, pero también era cierto de que con todo mi ser esperaba a que esta historia tan imperfectamente escrita no terminara tan pronto.

Debí detenerle, pensaran, pero yo la conocí, amé y deseé por verla y sentirla en libertad; con las alas tan abiertas que apenas tenía espacio para escabullirme y hacerme un lugar a su lado. Detenerla le haría perder su esencia y nosotros los que vivimos amores libres y dementes sabemos que ese es un pecado mortal, aun con mis esperanzas de mantenerla a mi lado respetaba con mi vida su decisión, conocía las cartas del juego y ahora a asumo las consecuencias.

Se fue dejándome un beso, una sonrisa y un baúl copado de recuerdos.

Desde aquí espero a que vuelva a encontrarse y si no es mucho pedir pueda hacerlo en mí cuando bien le parezca.  

Pueden llamarle a esto un "Hasta Luego"

sábado, 6 de julio de 2013

Catarsis: Primer Proceso


Desprenderse de cosas, de recuerdos, rencontrarse, confiar, quemar el libro y avanzar, empezar de cero, aferrarse a sí mismo, creer, cambiar porque se quiere y porque se puede; algo así como quererse un poco más.

Curarse las heridas, un par de suturas gratis para el alma, exponerla a cuentas cirugías sean necesarias con tal de armar el rompecabezas. Respirar, respirar fuerte, respirar aires vírgenes, que el pecho se ensanche hasta más no poder; desarmarse, reordenarse, reinventarse y ser todo aquello que se desee.

Repetir las misma canción por horas, disfrutar del césped, ser acariciado por el sol, ser uno, ser vida, sentir como plumas las penas que abrumaban nuestro andar, dejarse ser, hacer catarsis; gritar, ¡Maldita sea! gritar tan fuerte como desgarrando aquello que nos jode, botarlo todo.

Perdonarse, porque si es posible, dejar de ser nuestro propio verdugo para ser nuestra segunda oportunidad y la tercera y la cuarta y la quinta y así, hasta que se apaguen los latidos; perdonar, reprimir todo aquello que nos dañe, amarse entero, completo, imperfecto, desajustado y chueco, amarse hasta creérselo, asumir riesgos, equivocarse y volver a empezar.

Sanar heridas, limpiar cimientos, abrir ventanas, leerse a sí mismo con emoción y desenfreno, encontrar lo escrito entre las líneas. Devolverse todo aquello que se arrebató por años, arrancar las cadenas del cuello y hablar, hablar, y hablar porque se lo debe a sí mismo, porque me lo debía a mí misma.

Abandonar los miedos, apartar temores pendejos, aferrarse a las ganas, explorar, conocer, conocerse, hacerse espacio dentro del mundo, escuchar cada cosa que tenga por decirse, desempolvar lámparas, ser su propia luz, vaciarse los bolsillos de desalientos e iras, recoger suspiros y unirlos a esperanzas, retomar la voluntad y despertar del letargo absurdo en el que se estaba, las cosas solo suceden si se hace algo para que ello pase.

Sentirse así, tan vulnerable, tan abierto, tan tranquilo, tan libre y sonreír, sonreír como estúpido, así como quien se encontró a sí mismo, curvar los labios y enaltecer el rostro, borrar los ceños fruncidos. Dejar el corazón andar, golpear el pecho con suavidad, con certeza de vida, conseguir dolores de estómago a base de despampanantes carcajadas, borrarse y pintarse otra vez.

Conseguir orgasmos, amores reales, amigos, pero los de verdad, conseguir vértigos, experiencias, caricias, dejar arder nuevamente el brillo que fue opacado en los ojos, mucho pegamento para reconstruirse las alas, que el corazón golpee con furia el pecho al sentir ciertas presencias, temblar de emoción, llorar con ganas, rescribir sueños, besos, cuidar el cuerpo, proteger el alma, reorganizar los ideales y seguirlos porque se quiere, SER, correr, bailar hasta que duelan las piernas y un poco más, transpirar, comprobar una y otra vez que se sigue vivo; amar, amar en serio, como quien ya no tiene nada qué perder, como quien ya nada espera, con amores naturales, amores reales, de años o de segundos.

Ser un poco más “feliz”, si Feliz, permitirse a sí mismo la posibilidad de salir del fango, cambiar de camino cuantas veces sea necesario y serse completamente fiel.

Y así repetir el proceso hasta hacerlo real, natural y propio.


Yo, María Fernanda Ríos Me perdono. ¿Y Usted?